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Heredamos de mi abuelo unos libros titulados "Vidas de Santos"
Mi hermano Eduardo, los tradujo a su manera en un facsímil increíble con el título que encabeza esta "chorrada". Va por él:
Un cardenal convirtió a muchos americanos al catolicismo , organizando misas en un submarino, que además ¡batió la marca de inmersión!
Santo Domingo, "El Acorazado" se remachó con una coraza en las partes, donde no se podía dar los trescientos mil azotes que se sacudió en seis días.
Santa Gúdula, cuando iba a la iglesia, encendía un cirio a distancia con una oración.
San Francisco Javier, pilotó dos navíos a la vez, separados por millas de distancia durante una tempestad.
Pedro de Luxemburgo hizo voto de virginidad a los seis años.
San Sísias, para hacer penitencia, de bebé sólo mamaba cada dos días.
A San Lamberto, le cortaron la cabeza, la cogió del suelo y mientras se dirigía a su tumba , la cabeza que llevaba en el brazo iba cantando himnos y salmos espirituales.
Santo Tomás Canturiense., llevaba unos calzoncillos hechos de pelo de cabra.
San Juan Limosnero, su propio nombre lo indica, fue ayudado hasta en su muerte: Cuando lo fueron a enterrar junto a dos obispos, los cuerpos de éstos últimos, se corrieron uno a cada lado para hacer un hueco, para que cupiera el otro.
Santiago pidió que le soltaran dos toros salvajes a la vez y con una hebra (de lino salvaje, eso sí) los sujetó a los dos.
Un judió malvado untó de veneno el pie de un Cristo crucificado, pero no le sirvió de nada, pues cuando los fieles iban a besarlo, el Cristo retiraba el pie.
A una santa de Avila, Dios, para protegerla del acoso de un visigodo le hizo crecer una poblada barba, que alejó de inmediato al bárbaro.
Un incendio, asoló un monasterio y las hostias consagradas de la eucaristía, salieron volando a refugiarse en un convento de monjas y se mantuvieron flotando en el aire, hasta que acudió a recogerlas un cura con su estola.
Santa María Magdalena de Pazzi, una carmelita del siglo XVI mística, tras recibir en un éxtasis la "Herida Profunda", se puso a correr por todo el convento gritando << Amooor..Amooor...Es demasiadooo...>> tras lo cual, se arrancó los vestidos y saltando una altura de 9 m. alcanzó el coro, donde atrapó un crucifijo que se puso entre los pechos.
Un santo, cuando aún no lo era, iba cazando, y se encontró a un eremita, que le empezó a sermonear y se quedó embelesado oyéndole, cuando se despertó, habían pasado 20 años.
Otro santo abría puertas y ventanas, de forma milagrosa en cada casa que pisaba, para hablar mejor con Dios, se parecía a nuestra madre.
A San Eudaldo, un ostrogodo le hizo beber una taza de plomo derretido que le sentó como una tisana.
y para finalizar...
San Hilario de Poitiers asistió a un Concilio y le salió el Papa de turno respondón, quien le amenazó de anatema por su intransigencia al discutir. Dispuesto a excomulgarlo, pospuso momentáneamente esta acción hasta su vuelta, ante la apremiante necesidad fisiológica que le acometió súbitamente. Fue al excusado y en plena función evacuatoria le acaeció una estrepitosa y feroz cagalera (como a Antonio T.T.), seguida de una descomposición de tal calibre, que falleció revolcado entre sus propios excrementos y tripas esparcidas por el suelo, mientras los intestinos se le escapaban inconteniblemente por el ano. Ni que decir tiene, que a San Hilario no le discutió luego ni el mismísimo Dios. Cuando al fin se murió el santo, fue enterrado en una iglesia, pero al poco se levantó de la tumba y exigió que le trasladaran a una más grande y más nueva. Se hizo.
Compilado por D. Eduardillo Morcillo en 1987 Madrid
c) Copyright "All countries for me"
Ediciones Eduardianas
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